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Pedro Gonzalo Chávarry se quedó solo. En los hechos ya no es el fiscal de la Nación. Todavía se mantiene en su oficina del octavo piso del Ministerio Público, pero desde los ascensoristas hasta sus más cercanos colaboradores, sienten que ya no manda.
Hoy el Ministerio Público no tiene cabeza. En público, solo el fiscal supremo Tomás Gálvez Villegas defiende a Chávarry. Víctor Rodríguez Monteza guarda estratégico silencio.
● Reacción popular
El fiscal de la Nación se queda sin opciones. La agenda propuesta para la reunión de los cinco fiscales supremos era la revisión de la resolución que cesó a los fiscales Rafael Velay José Domingo Pérez del Equipo Especial del caso Lava Jato y el proyecto de ley del Ejecutivo que plantea el cese de todos los fiscales supremos y declarar en reorganización el Ministerio Público
Chávarry nunca creyó que sacar a Vela y Pérez iba a generar tanto rechazo público. Tampoco previeron la reacción del presidente de la República, Martín Vizcarra. La idea era que Frank Almanza y Marcial Páucar concluyeran las diligencias en Brasil y eso silenciara cualquier protesta.
Otro tema que no tenía en sus cálculos fue la resistencia jerárquica que anunciaron Vela y Pérez. Chávarry es de una generación que cree y respeta la jerarquía institucional. El fiscal de la Nación manda, el resto obedece. Así funcionaba. Las nuevas generaciones de fiscales, como Vela y Pérez, no creen en jerarquías de sumisión.
Así, con las manifestaciones públicas, el apoyo del Ejecutivo, Chávarry solo podía completar la transferencia de cargo con el uso de la fuerza policial o de seguridad del Ministerio Público. Eso era el caos total.


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